La mayoría de los casos de dolor de espalda baja se clasifican como dolor inespecífico, lo que significa que se considera que el dolor tiene un origen musculoesquelético y no se debe a una causa identificable como una infección, cáncer o una fractura. Aunque estos casos suelen afectar las articulaciones, los músculos y otros tejidos blandos de la espalda baja, las investigaciones sugieren que el estado general de salud del paciente también puede ser importante.
Una posible relación es la inflamación crónica, un estado prolongado de mayor actividad del sistema inmunitario. Aunque la inflamación normalmente ayuda al cuerpo a responder ante una infección o lesión, una mala alimentación, la inactividad física, fumar, consumir alcohol en exceso y el estrés crónico pueden generar estrés metabólico y celular que mantiene activos los procesos inflamatorios. Un análisis de más de 17,200 adultos publicado en enero de 2026 reveló que las personas con niveles más altos de marcadores de inflamación en la sangre tenían un 66% más de probabilidades de reportar dolor de espalda baja. Esto no demuestra que la inflamación cause dolor de espalda, pero la inflamación persistente puede afectar la manera en que los tejidos responden a una lesión y se recuperan.
Los hábitos que suelen recomendarse para proteger el corazón también pueden aportar beneficios para la salud musculoesquelética. Un estudio de noviembre de 2025 con datos del UK Biobank reveló que las personas que seguían más hábitos saludables para el corazón—como no fumar, dormir lo suficiente, mantener un peso saludable, llevar una alimentación nutritiva y hacer ejercicio con regularidad, además de mantener niveles saludables de glucosa en la sangre, colesterol y presión arterial—tenían aproximadamente un 12% menos de probabilidades de desarrollar dolor de espalda baja.
La salud metabólica—la capacidad del cuerpo para procesar y utilizar la energía de los alimentos, incluido el control del azúcar y las grasas en la sangre—puede aportar otra pieza del rompecabezas. Los investigadores estudiaron a más de 5,300 adultos con el Fatty Liver Index, una puntuación de 0 a 100 basada en el índice de masa corporal, la circunferencia de la cintura, los triglicéridos y una enzima del hígado, que en conjunto permiten estimar la probabilidad de tener hígado graso. Por cada aumento de 20 puntos, el riesgo de dolor de espalda baja aumentó aproximadamente un 9%. Aunque esto no establece una relación de causa y efecto, se suma a la creciente evidencia de que la salud musculoesquelética puede estar relacionada con procesos que ocurren en todo el cuerpo.
En conjunto, estos hallazgos ofrecen una perspectiva más amplia sobre el dolor de espalda baja. La movilidad de las articulaciones, la fuerza muscular, las lesiones anteriores y las exigencias físicas siguen siendo importantes, pero pueden representar solo una parte del panorama. La alimentación, el ejercicio, el sueño, el control del peso y la salud cardiovascular y metabólica también pueden estar relacionados con el riesgo de dolor de espalda y la recuperación. Prestar atención a estas áreas no garantiza que el dolor de espalda desaparezca ni que nunca vuelva, pero puede proporcionar una base más saludable para la recuperación y el bienestar a largo plazo.

